Treinta y cuatro años después de las masacres de Capaci y via D'Amelio, Salvatore Borsellino regresa para hablar sobre los 57 días que separaron la muerte de Giovanni Falcone de la de su hermano Paolo Borsellino. Este lapso, según Salvatore, sigue siendo uno de los puntos cruciales para comprender la verdad sobre las masacres de la mafia de 1992-1993.
Durante la entrevista, Borsellino sostiene con firmeza que Paolo estaba investigando directamente la masacre de Capaci y que esta misma investigación precipitó la decisión de eliminarlo. Esta creencia se ha consolidado con el paso de los años y se ve reforzada por nuevas pruebas surgidas recientemente, gracias en parte al trabajo del abogado Fabio Repici.
Salvatore Borsellino recuerda específicamente el discurso de su hermano del 25 de junio de 1992 en la Biblioteca Municipal de Palermo, cuando anunció públicamente su deseo de ser escuchado por la Fiscalía de Caltanissetta para informar sobre sus conclusiones acerca de la masacre de Capaci. Según el hermano del magistrado, estas palabras sellaron definitivamente su sentencia de muerte.
Según Borsellino, la cuestión clave reside en lo que Paolo pudo haber dicho sobre "amigos que lo traicionaron", una referencia que podría vincularse a niveles externos a Cosa Nostra y a los posibles instigadores ocultos de las masacres.
También es fundamental en el debate la figura de Alberto Lo Cicero, el informante de los Carabineros cuyas declaraciones fueron consideradas de suma importancia por Paolo Borsellino desde antes de la masacre de via D'Amelio.
La entrevista también aborda la llamada "pista negra", los autores externos y las conexiones entre las diversas masacres de 1992-1993: desde Capaci hasta via D'Amelio, pasando por los atentados de Florencia y Milán, y el fallido ataque al Estadio Olímpico de Roma. Para Salvatore Borsellino, separar estos sucesos y reducirlo todo a la pista de "los contratos públicos de la mafia" impide hacer una lectura completa de la estrategia de la masacre.
En el final, el hermano del magistrado dirige un mensaje a los jóvenes que siguen saliendo a las calles para exigir verdad y justicia: "Mi generación ha fracasado. Hoy, ustedes son la esperanza". Un llamamiento a la rebelión cívica y a la participación, para que las nuevas generaciones continúen buscando la verdad que, después de más de treinta años, aún está incompleta.
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