Miércoles 17 Junio 2026

Advertencia del fiscal adjunto de Catania en el Día de la Memoria de la Masacre de Capaci

En el día en que Italia recuerda la masacre de Capaci, el fiscal adjunto de Catania, Sebastiano Ardita, lanza una advertencia que va más allá de la celebración: la mafia no es un fenómeno aislado, sino el síntoma de una profunda crisis en la sociedad y sus clases dirigentes.

Treinta y cuatro años después del atentado del 23 de mayo de 1992, en el que perdieron la vida los magistrados Giovanni Falcone y Francesca Morvillo y sus guardaespaldas Vito Schifani, Rocco Dicillo y Antonio Montinaro, las palabras de Ardita reavivan el debate sobre un tema a menudo olvidado: la responsabilidad colectiva. "La mafia no es un cuerpo extraño que ataca a un cuerpo sano. La Mafia es la expresión de una enfermedad social cuya responsabilidad es generalizada".

El fenómeno mafioso, explica Ardita, prospera donde hay complicidad, silencio, desigualdad y vacíos institucionales. El magistrado señala con el dedo a quienes ejercen la responsabilidad pública: las clases dominantes, los políticos, el sistema educativo y todos aquellos que deberían fomentar la conciencia cívica y garantizar la presencia del Estado, especialmente en contextos socialmente marginados. "La responsabilidad también debe buscarse dentro de las clases dominantes, entre quienes ostentan responsabilidades, entre quienes deben educar a los jóvenes, entre quienes tienen la responsabilidad de gobernar los asuntos públicos".

Palabras que evocan con fuerza el legado moral y cultural de Falcone y Borsellino. Ambos comprendieron que la mafia no podía combatirse únicamente mediante la represión o los medios militares, sino a través de una profunda transformación cultural capaz de privar a los poderes criminales del consenso social y romper sus vínculos con la clase dominante. Según Ardita, ahí radica precisamente la clave: en la capacidad de reconocer a la mafia como una degeneración nacida de las contradicciones del tejido social e institucional: "Si, por el contrario, pensamos que es simplemente un fenómeno militar al que hay que combatir, no vamos por el buen camino".

El riesgo, por lo tanto, es reducir la lucha contra la mafia a una cuestión exclusivamente judicial o de orden público, olvidando que su apoyo también se nutre de la pobreza, la falta de oportunidades, el amiguismo y la desconfianza en las instituciones.

*Foto de Portada: Antimafia Duemila